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Vestido de gala corte princesa con cauda

Hacia 1877
Costura mixta, seda, hilo de oro, con aplicaciones de encaje, pasamanería y bouquets de seda.
Seda listada alternando amarillo cromo con rayas translúcidas; listones de seda color marfil; galón con flecos del mismo tono, galones trenzados con hilo de oro; ramilletes de florecillas y follaje de seda.
153 x 170 cm.
Colección Museo de Historia Mexicana

Dentro del acervo que resguarda el Museo de Historia Mexicana, se encuentra una colección de vestidos y accesorios del siglo XIX, que incluye espléndidos trajes confeccionados en casas de alta costura parisina de renombre internacional –como por ejemplo Doucet y Lermercier–, que en su tiempo se encargaron de vestir a la nobleza y aristocracia francesa.

 

El vestido que aquí se presenta es una prenda de gala de estilo victoriano, elaborado hacia 1877 y aunque no cuenta con etiqueta, pudo haber sido confeccionado en la Casa de Charles F. Worth ubicada en la Rue de la Paix, Calle de la Paz, en París, Francia, ya que sus características –amplio escote que baja por la espalda, falda con gran cauda y la sobrefalda colocada bajo la línea de la cadera– siguen las influencias de esta casa diseñadora.

 

Este tipo de vestidos arribaron a México hacia finales del siglo XIX durante la llamada Belle Époque, o Bella Época, momento en que las élites y núcleos de poder de la sociedad mexicana adoptaron la moda y costumbres europeas, principalmente de Francia, quien se perfiló como potencia artística, cultural y política en el mundo occidental.

 

Los paseos por las calles, la asistencia a la ópera, al teatro y a los clubes privados, las tertulias y las convivencias en cafés y restaurantes se engalanaron con la presencia de mujeres que vestían de igual modo que sus contemporáneas europeas.

 

En Nuevo León hubo la ocasión de que el 19 de diciembre de 1898, el presidente Porfirio Díaz visitó por única vez la capital del estado, y se ofreció un baile en el Casino Monterrey en su honor. La aristocracia porfiriana que se dio cita en ese evento, hizo gala de sus mejores prendas y vestidos, al estilo de la indumentaria a la que hoy hacemos referencia.

 

Los vestidos de alta costura tenían un alto costo; el lavado y limpieza de las prendas se hacía cuidadosamente en el hogar. En algunas ocasiones, sólo las partes sucias eran lavadas, y los encajes o aplicaciones que se estropeaban se sustituían por nuevos. El buen resguardo y conservación en que se ha mantenido este vestido nos permite apreciarlo como en antaño.

 

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