Entre 1934 Y 1939, la Cervecería Cuauhtémoc emprendió uno de los experimentos editoriales más singulares del México posrevolucionario: la publicación mensual del Boletín Mensual Carta Blanca, un órgano publicitario que, de manera paradójica, se convirtió en un vehículo decisivo para la difusión del arte moderno, acompañado de textos críticos firmados por algunas de las plumas más relevantes de la época.
A lo largo de cincuenta y tres números, la publicación fue transformando su diseño, su tono y sus objetivos, configurando —desde distintos frentes— una operación orientada a acercar la cultura visual contemporánea a un público urbano en proceso de modernización.
El Boletín dio inicio con el suplemento Galería de Pintores Modernos Mexicanos, dirigido por Carlos Mérida y Carlos Orozco Romero, quienes pocos años antes habían encabezado la Galería de Arte Moderno instalada en los bajos del Teatro Nacional (hoy Palacio de Bellas Artes), fundada en 1929 y activa durante poco más de un año, uno de los primeros espacios institucionales dedicados a la pintura moderna en el país.
Imagen: Arte, crítica y modernidad. Imágenes para un boletín precursor. 1934–1939
De manera paralela a esta dirección artística, el Boletín —impulsado por Salvador Novo a instancias de Xavier Villaurrutia— adquirió una estructura editorial que combinaba la lógica publicitaria con la sofisticación literaria del grupo Contemporáneos. Novo fungió como editor responsable de la publicación, integrando de forma orgánica ambos ámbitos.
A lo largo de sus cinco años de circulación, el Boletín reorganizó en varias ocasiones sus contenidos y su identidad gráfica. Al suplemento inaugural le siguieron cuatro series que ampliaron el horizonte visual del proyecto: El arte en México. Pintura colonial, dedicada a los maestros de los siglos XVII y XVIII; Pintura europea de los siglos XIV y XV, que dio a conocer obras pertenecientes a colecciones privadas en México; una nueva entrega de Pintores modernos mexicanos; y Pintura de los siglos XIX y XX, dedicada a la pintura mexicana. En este proceso destaca la participación, desde el ámbito publicitario, del ilustrador Fernando Bolaños Cacho, cuya práctica contribuyó de manera decisiva a definir la estética gráfica y el lenguaje visual de la publicación.
Esta exposición propone leer el Boletín no como un antecedente aislado de mecenazgo empresarial, sino como un proyecto editorial en el que la modernidad se desplegó en el cruce entre industria, publicidad y vida cotidiana. Al poner en valor sus páginas —elementales para comprender cómo esa modernidad fue imaginada, habitada y puesta en circulación en el México de los años treinta—, la muestra busca abrir nuevos puntos de partida para la investigación sobre la cultura visual y la vida urbana del periodo, y restituir a la historia cultural de Monterrey este capítulo poco explorado de la Cervecería Cuauhtémoc.
Imagen: Arte, crítica y modernidad. Imágenes para un boletín precursor. 1934–1939
