Estas viendo la Colección:

Árbol de la vida y regla de los frailes menores

Autor desconocido
Siglo XVIII
Óleo sobre tela
220 x 500 x 5 cm.
Colección particular

Árbol de la vida y regla de los frailes menores, según se lee en el texto en latín de la cartela superior, es un lienzo emblemático que describe la estirpe espiritual de los franciscanos, a quienes su fundador llamó «hermanos menores», como signo de humildad. Este árbol genealógico fue concebido para proveer un sentido de identidad dinástica, en este caso relativa a la fe y las doctrinas heredadas de numerosos santos, además de instruir sobre el reglamento de la orden a sus miembros y aspirantes. Con seguridad procede de un convento; su paisaje, color, estilo alegórico y elaborado conceptismo son característicos del arte sacro novohispano del siglo XVIII. De hecho, en la antesacristía del Convento de San Francisco de la ciudad de Puebla –edificado en el siglo XVI– se conserva un cuadro con el mismo tema firmado por Cristóbal de Talavera en 1731.

En la barda del perímetro de un jardín místico se ha escrito en latín una de las muchas leyendas que resumen la regla: «Si alguien quiere recibir esto en vida, que sea fiel y católico, no ligado a esposa; por el provincial admitido, examinado y aprobado». Al centro, san Francisco de Asís sostiene el pesado árbol de cuyas ramas crecen las hojas y los frutos de la vid y azucenas. Cada azucena es un nicho en que está retratado un santo o santa de la orden, con su atributo: un báculo, una palma de martirio, una cruz, una mitra, una corona, una custodia eucarística. La vid es la fe que da fruto; representa a Cristo. En el extremo más alto del tronco central está Cristo crucificado. La azucena es la pureza; se asocia con la Virgen. Junto al santo fundador está la Inmaculada Concepción; se toca un seno y un chorro de su leche nutricia riega la base del árbol.

En ramas, bandas, pendones y medallones se transcriben o evocan los preceptos de la orden. Por ejemplo, en una secuencia, «Contra la relajación de la religión; En la palabra como en el hecho; Por bendición; Por precepto; Las diligencias; Lo superfluo; Las cosas valiosas; A los hermanos; Al prójimo; Al cuerpo…».

De pie, junto a san Francisco, aparecen cuatro santos importantes en la definición de la regla de la orden de los franciscanos observantes, con libros que señalan su contribución. De izquierda a derecha: Luis, obispo de Toulouse: «Yo adorné»; Buenaventura, doctor de la Iglesia que predicó la virtud de la fidelidad en las cosas pequeñas: «Yo cultivé»; Antonio de Padua, santo del amor a los pobres: «Yo protegí», y Bernardino de Siena, impulsor de la reforma de los observantes en el siglo XV: «Yo restauré».

En las ramas aparecen desde santa Clara de Asís y san Bernardo –compañeros de san Francisco– hasta santos del siglo XVI. La orden fue fundada con el compromiso de pobreza y caridad en el mundo, así como obediencia a los prelados de la Iglesia, pero desde el siglo XIII, aún en vida del santo, tuvo divisiones, lo que puede ser visto como un signo de las diversas interpretaciones de sus principios. Las ramas de los Conventuales y los Observantes fueron las de mayor vitalidad en los siglos siguientes. Este árbol celebra a las figuras ejemplares de la observancia.

En este emblema de la historia franciscana, pintado para la formación de una comunidad conventual, no se incorporan las figuras de los primeros misioneros que arribaron a la Nueva España, no obstante que desde los primeros doce frailes llegados en 1524 hubo notables seguidores de los principios de apostolado de esta rama de los franciscanos.

Más Piezas

3 Museos Contando Tu Historia.