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Pintura de viaje

Autor desconocido
Siglo XVIII
Óleo sobre tela
124 x 88.5 cm.
Colección Museo de Historia Mexicana
 
 
Ubicación: Bodega de colecciones
 
 

 
 
 
 
 

 

 

En la cartela inferior de esta alegoría de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús se lee una cita de Lucas 12, 29: Ignem veni mittere in terram et quid volo nisi ut accendatur, «Fuego vine a echar sobre la tierra; ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!».13 La pintura proclama el cumplimiento del deseo de Cristo, convocando en una escena mística la historia del amor ardiente de los cristianos por Él y la comunión de las cortes humana y celestial. Los corazones representan el amor como compasión por el sacrificio de Cristo en la cruz, un sentimiento al mismo tiempo doloroso y lleno de fe y dulzura, según se aprecia en las expresiones de los santos representados.


Al margen de algunos retratos aristocráticos, bodegones y series de castas, la pintura novohispana es casi en su totalidad un género sacro. En las primeras décadas de evangelización la creación de imágenes era una demanda de las órdenes religiosas para catequizar, provocar admiración, rendir culto y sustituir antiguas prácticas paganas en las que también la imagen era venerada como si fuera la divinidad misma.


Más adelante muchas obras se dedicaron a exaltar los dogmas defendidos por la Contrarreforma. En el siglo XVIII los géneros sacros estaban ya bien establecidos, por lo que muchas obras se centraban en los elementos ornamentales. Sin embargo, siguieron produciéndose obras para proponer nuevos temas de culto y argumentar con una retórica visual las mismas ideas teológicas que se discutían en los sermones y obras especializadas. Uno de los temas candentes de la segunda mitad de ese siglo fue precisamente la devoción del Corazón de Jesús.


La retórica visual del largo barroco novohispano se valía de códigos ya asimilados por los espectadores, como los emblemas y atributos que identificaban a los santos y a la divinidad; la suntuosidad de la indumentaria y de las atmósferas sacras; las alegorías de condiciones anímicas o corporales, como las virtudes o la castidad; la transfiguración del mundo espiritual de los dogmas en escenas con personajes históricos, y la exhibición del cuerpo sólo en experiencias de dolor como forma de redención.

En esta obra anónima, posiblemente producida en un taller gremial muy cercano a una Orden, o por un miembro del mismo convento, los corazones están representados con realismo, y su reiteración y atributos en relación con la crucifixión comunican una intensa emoción, pero están desvinculados del cuerpo; manifiestan un plano espiritual de la experiencia humana. En una sociedad que silenciaba la sensualidad, la cualidad táctil de estos corazones ardientes debía impresionar la sensibilidad hondamente.


En su calidad de objeto artístico, la obra se ha descrito de modo llano como una pintura de viaje. La imagen se ha elaborado para ser enrollada y guardada en la caja de madera, de manera que sea fácilmente portátil. Este género se adoptó en la Nueva España por influencia japonesa, a imitación de los e-maki, pinturas narrativas tradicionales que las personas desenrollaban poco a poco para seguir la narración, enrollándolas por el otro extremo. En el siglo XVII algunos japoneses establecieron talleres en la Nueva España, donde desarrollaron un arte llamado namban, porque retrataba o imitaba temas europeos en objetos realizados con técnicas orientales.

 

Muchos de estos objetos se hacían para viaje, como los arcones y estuches. Las pinturas en estuche pudieron realizarse aquí. Los artistas orientales incorporaron características del arte occidental, como la perspectiva y la pintura al óleo, y ejecutaban encargos de temas cristianos.
Evidentemente esta es una pintura narrativa, pero su iconografía poco debe al espíritu oriental, y mucho al rigor de las discusiones escolásticas sobre los atributos divinos y a la tradición contemplativa de las órdenes europeas. Su lectura exige la interpretación de símbolos; no hay una progresión de acciones. La profusión de imágenes, la elevación triunfal y la acumulación conceptista son alardes del barroco. Uno se pregunta quién y para qué querría viajar con una pintura así. Esta imagen debió interesar a un religioso conocedor de la historia cristiana, preocupado por el misticismo y otros temas teológicos. Si fue utilizada para devoción personal, mucho tendría que meditar el practicante en la unidad de la Iglesia y los fundamentos del amor a Cristo. Parece pensada para instrucción y discusión en una institución canónica, como la universidad o el arzobispado.

 

 
 

::HORARIOS

 

Martes y domingo: 10:00 a 20:00 horas

Miércoles a sábado: 10:00 a 18:00 horas

Lunes cerrado

Venta de entradas hasta 15 minutos antes del cierre.

 

::TARIFAS

 

$40.00, incluye el acceso a Museo de Historia

Mexicana y Museo del Noreste durante el mismo día.

Martes y domingos la entrada es gratis.

Gratis menores de 12 años, INAPAM e ICOM.

50% de descuento a estudiantes y maestros
con credencial vigente.

 

Museo del Palacio: entrada gratuita.


::UBICACIÓN / Ver mapa

 

Dr. Coss 445 Sur Centro,

Monterrey, N.L. CP. 64000

Tel. +52(81) 2033 9898

 

Estacionamientos públicos

por calle Diego de Montemayor.

 

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