Estas viendo la Colección:

La Conquista

Federico Cantú
1950-1960
Óleo sobre tela
204 x 736 cm.
Colección Museo de Historia Mexicana

El 13 de agosto de 1521 Tenochtitlan cayó tras el largo asedio de algunos cientos de españoles y millares de aliados indígenas de pueblos tributarios de los mexicas. Sin agua y abastecimiento, los pobladores hambrientos rindieron la ciudad quemada, destruida y saqueada en diversos sitios. Con la captura de Cuauhtémoc, la Conquista quedó consumada y se inició el dominio español.

En este mural, Federico Cantú se centra en el enfrentamiento cuerpo a cuerpo y recurre a símbolos para ilustrar la agresión y la imposición de la cultura de los conquistadores. En lo alto, la representación de la guerra como una deidad femenina entra en la escena como un celaje oscuro. En primer plano, los perros de fauces desgarradoras, uno de los horrores recién descubiertos por los indígenas, aluden a la cacería humana, en tanto el caballo y las armas de hierro se imponen en el combate. En el extremo izquierdo arde un templo y hacia la derecha ruedan las cabezas de piedra de los dioses. Un misionero alza la cruz y el derrotado inclina la cabeza hacia el suelo.
Federico Cantú (1908-1989), originario de Cadereyta, Nuevo León, tuvo una formación artística muy amplia. En 1922 estudió en la Escuela al Aire Libre de Coyoacán, dirigida por Alfredo Ramos Martínez, y posteriormente estuvo en Europa, donde convivió con artistas fundamentales de las vanguardias. Sin embargo, su estilo se caracteriza por un dibujo académico de figuras humanas alargadas y de animales. Combina mitos clásicos y temas bíblicos con un simbolismo modernista y, en ocasiones, la densidad de sus composiciones y las expresiones corporales, o bien las reminiscencias cubistas y expresionistas, crean un efecto delirante.

Al incursionar en la tendencia del muralismo durante los años cincuenta, Cantú emprendió la narración de temas históricos. Esta obra fue creada para un muro de la casa de Benito Coquet, funcionario público que era buen conocedor de su obra plástica y que, cuando asumió la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social, en 1958, lo invitó a realizar la escultura que es el símbolo de la institución, una madre que amamanta a su bebé bajo la protección del águila nacional (1960).

La Conquista fue creada en paralelo con Caída de Troya, obra de dimensiones similares que actualmente se encuentra en la Pinacoteca de Nuevo León, dentro del antiguo Colegio Civil de Monterrey. Ambas se unían en el dintel de una puerta de dos hojas, por lo que las telas están recortadas para adaptarse al marco de aquéllas.

La equiparación de la derrota de dos grandes civilizaciones hace evidentes las aspiraciones del nacionalismo posrevolucionario. Con el mismo espíritu de los intelectuales formados en el Ateneo de la Juventud, Cantú busca enaltecer la identidad nacional de México comparando el dramático pasaje de nuestra historia con una de las grandes epopeyas de la antigüedad griega. La diosa de la guerra del mural representa la dimensión divina en la acción humana a la manera de La Ilíada, y los cuerpos de los indígenas responden al ideal clásico europeo.

Al incluir esta obra en la museografía de la Sala del Virreinato, para ilustrar el tema de la Conquista, el Museo buscó también preservar el óleo de uno de los más destacados pintores del noreste de México. La interpretación épica y la reprobación moral de los conquistadores son cuestionables desde el punto de vista de las tendencias actuales de la historia. No obstante, el mural ha probado su eficacia para llamar la atención del público sobre las circunstancias que intervinieron en la destrucción de la cultura antigua de México.

Más Piezas

3 Museos Contando Tu Historia.